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El gran telescopio Herschel

Herschel descubrió Urano en el 1781, probando su recién construido telescopio reflector de 152mm.

Telescopio Herschel

Tras el descubrimiento de Urano, el rey de Inglaterra, Jorge III, comprendió que un científico tan perseverante como Herschel podría dar gran prestigio al país. Además de la pensión vitalicia de 300 guineas que permitió a Herschel abandonar su carrera de músico, el rey proporcionó a Herschel una residencia con jardín en Slough, cerca del castillo de Windsor. Ese jardín, en el que Herschel instalaría sus telescopios, es sin duda uno de los lugares donde se han realizado más descubrimientos en Astronomía.

Estimulado por el descubrimiento de Urano y por su recién ganada fama como astrónomo, a partir de 1781 Herschel se lanzó a construir telescopios reflectores progresivamente mayores. Al primer espejo que fundió, que tenía 15 cm de diámetro, le sucedieron otros de 22,5 cm, de 48 cm, de 60 cm, para culminar en un telescopio verdaderamente gigante para la época: un espejo de 1,22 m con un tubo de 12 m de longitud.

Cada vez que Herschel empleaba un telescopio mayor para sus observaciones, realizaba nuevos y espectaculares descubrimientos. Los telescopios de Herschel, fueron los primeros grandes telescopios de la Historia, ilustran de qué manera la historia de la Astronomía está íntimamente ligada al desarrollo tecnológico del telescopio.

En 1786 Herschel decidió construir un telescopio con un espejo de 1,22 m (40 pies) de diámetro que debía ir instalado en un tubo de unos 12 m de largo. Jorge III se entusiasmó con el proyecto y contribuyó a su financiación de manera generosa. En la construcción de este telescopio trabajaron unos cuarenta obreros y para el pulido del espejo Herschel ideó un sistema mecánico. En el jardín de la mansión de Herschel en Slough, el espejo fue colocado en su tubo en 1789, y el tubo apuntando al cielo entre dos escalas parecía un enorme cañón. Se trataba de un telescopio verdaderamente gigante para su época.

En 1783 Herschel averiguó que el Sol no estaba quieto, como siempre se había creído: comparando las observaciones de diferentes estrellas relativamente “fijas”, demostró que la “nuestra” se desplaza, arrastrando a la Tierra y al resto de su cohorte, hacia la estrella Lambda Herculis. También bautizó (ya puestos) al punto hacia el que se dirige en ese movimiento, como ápex solar.

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